Diario de un genio.

Viene de: Mil Novecientos Setenta y Tres #1

El que mi abuelo y mi madre me hubiesen básicamente abandonado a mi suerte en manos de aquella joven pareja y que mi abuelo desapareciese para siempre tras vender la fundición 6 meses después de darme en adopción, no me convirtió a mí en en un niño normal hijo de una pareja de clase obrera española de los años 80.

Es complicado de entender para el que no lo haya experimentado como supongo que es el caso de todo el que me está leyendo, pero voy a intentar explicarlo. Seguramente habrás leído o escuchado más de una vez a un transexual relatar que desde pequeño no estaba conforme con su cuerpo, que cuando se miraba desnudo a un espejo la imagen que veía reflejada no se correspondía con lo que el sentía que él era. Que su cuerpo de hombre y su mente de mujer estaban en conflicto. Que pedía a su madre que lo vistieran de niña y que ese sentimiento era tan genuino que en cuanto pudo se operó para cambiarse de sexo, se cortó el pene y se hizo una vagina a base de meterse cilindros de cristal cada vez mas grandes para evitar que le cicatrice el agujero que le han dejado.

A mí me pasó lo mismo. Yo nunca me sentí niño de clase obrera, siempre sentí que mi identidad y mi clase no concordaban con el lugar en el que me encontraba. Si miraba a mi alrededor no me veía reflejado viviendo en aquella casa de clase obrera. Viví mis primeros años con mis padres en la calle Andrea Doria, hoy Calle Antonio Oquendo, una calle que pertenecía a un barrio de clase obrera de Mahón que ahora ha tomado el nombre de mi antigua calle y lo llaman Viviendas de Andrea Doria.

Aquella pareja de clase obrera, se había encargado de criar contra natura a un niño al que no estaban preparados para criar. Imagina que siempre has tenido perros de barrio, de esos pekinés mezclados con chihuahua y un día te regalan un pastor alemán de pura raza que viene de un linaje de campeones del mundo. Ese pastor alemán se va a hacer el jefe de los pekineses y los chihuahuas y siempre sabrás de un simple vistazo que el porte del pastor alemán es totalmente diferente a la de esos perros que cuidabas antes. Y eso es exactamente lo que pasó.

Recuerdo perfectamente como obligaba a mi padre, más dispuesto siempre a complacerme que mi madre, a comprarme la mejor ropa y los mejores tenis. Aquel hombre, comido por la culpa por no poder darme el mismo nivel de vida que hubiera podido darme mi familia original, se desvivía siempre por complacerme en todo lo que se me ocurría y yo, que era capaz de intuir su culpa, aproveché aquello hasta el último día.

Mi madre sin embargo no caía en mis chantajes y se empeñaba en que por ejemplo llevase mi desayuno al colegio como todos los otros niños. Todas las mañanas metía en mi maleta en una bolsa de plástico un bocadillo envuelto en papel de aluminio. A mí aquello me proporcionaba una repulsión que me acompaña aún hasta el día de hoy y siento el mismo asco que entonces por la gente que va acompañada siempre de tuppers de comida camino del trabajo, los he visto subirse incluso a aviones con eso. Me negaba a que mi maleta del colegio oliese como la de los otros niños. Aquellos niños olían a pan con mantequilla, podía oler aquel hedor que desprendían sus maletas cuando pasaban por mi lado camino del colegio. Nada más salir de mi casa sacaba aquella pestilente bolsa e iba repartiendo los trozos de pan por el suelo de camino de mi casa al colegio, no paso mucho tiempo hasta que un ejercito de gaviotas empezó a seguirme todo el camino. Las gaviotas son animales muy inteligentes y en poco tiempo se acostumbraron a apostarse exactamente a las 8:30 de la mañana en la esquina de mi casa esperando a que yo pasara para acompañarme todo el camino mientras les iba lanzando mi desayuno. El espectáculo era digno de ver, más de 50 gaviotas eran mi escolta al colegio todas las mañanas.

Aquello me hizo muy popular entre los otros niños que como yo iban al colegio por el mismo camino, poco después mi camino al colegio se convirtió en una especie de cabalgata en la que yo era el rey y tras de mí 50 gaviotas y un grupo de niños que me jaleaban detrás todo el camino. Descubrí la fascinación que podía causar sobre otras personas con muy poco esfuerzo y los beneficios de la popularidad.

Como tiraba mi desayuno camino del colegio, las mañanas se me hacían eternas hasta que llegaba a la hora del almuerzo a mi casa y podía comer así que un día se me ocurrió robarle dinero a mi madre y comprarme el desayuno en la tienda del colegio de privado que había junto al mío, y que a mi entender entonces era el colegio en el que yo merecía estar. Así que ahora todas las mañanas robaba dinero a mi madre, tiraba mi desayuno a las gaviotas y a la hora del recreo salía sin que me viesen al colegio de al lado y compraba allí mi desayuno como si fuese un niño más de aquel colegio. El dinero que me daban de cambio en la tienda del otro colegio se convertía en un problema porque no quería llegar a mi casa y que mi madre viese que llevaba monedas sueltas en el bolsillo así que empece a tirarlo en las papeleras sin que nadie me viese.

Uno de esos días, tuve la idea de subirme a un pilote de cemento que había al lado de la fuente del patio del colegio donde todos los niños iban a beber y sin previo aviso lancé las monedas que me habían sobrado al aire. La idea fue un impulso, dar un patada al avispero para ver qué pasaba. Los niños, muchos de ellos eran los mismos que por la mañana me habían seguido junto con las gaviotas, ahora estaban en el suelo peleándose por las monedas que yo acababa de tirarles. La pelea había durado sólo unos minutos y la situación hacía que por primera vez me sintiese en mi lugar, en paz con el universo. Aquello se convirtió en una costumbre como la de las gaviotas, a la hora del recreo me subía a aquella columna de cemento, me comía aquel bocadillo de una calidad muy superior al pan con mantequilla y aceitunas que comían aquellos niños que me miraban y los miraba mientras disfrutaba de la expectación que se iba creando “¡Ya va a tirar el dinero!” gritaban y se iban a acercando más niños. Yo esperaba hasta que empezaban a gritar mi nombre mientras yo movía las manos haciendo ademán de lanzar las monedas sin lanzarlas y disfrutaba de mi bocadillo viéndolos a todos abajo. En el momento álgido del griterío lanzaba las monedas al aire y disfrutaba de aquello.

Con el tiempo fui añadiendo nuevos gags al número, aprovechaba que nadie se iba a mover de allí abajo y que tenía la atención de todos para mejorar mi espectáculo. Bailaba sobre la columna, gritaba trabalenguas en catalán haciendo aspavientos con las manos como si estuviese dando un discurso, hasta que un día se me ocurrió añadir un número de peligrosidad al espectáculo que me pondría fuera de aquel colegio. Se me ocurrió dividir las monedas en dos grupos unas las lanzaría al aire y otras las lanzaría contra el grupo de los que estaban en el suelo cogiendo las monedas. Recuerdo como si estuviese pasando ahora mismo a cámara lenta como las monedas de un duro brillaban en el aire y golpeaban las cabezas de aquellos niños y como se rascaban felices y seguían peleando por el suelo. Pasaba el resto del día planeando cual sería mi número sobre la columna al día siguiente.

Una mañana, antes de que llegase la hora del recreo, una señora interrumpió la clase de repente y entró sin llamar a la puerta, traía a Ricardo Pons de la mano. El niño me señaló a mí y la madre empezó a gritarle a la profesora diciendo que yo había dañado la córnea de su hijo tirándole un duro. Mientras escuchaba a aquella mujer gritar la palabra córnea una y otra vez, yo, que no tenía ni la mas remota idea de lo que era una córnea, pensé que tenía que ver algo con cuerno y que mi moneda había golpeado la cabeza de aquel niño, por donde salen los cuernos, y se había quedado subnormal. Recuerdo que siempre decían que si te golpeabas en la sien podías quedar desde tonto a morirte. Miré entonces a Ricardo, que estaba de pie junto a su madre sin decir nada y por su gestó deduje que sí, aquel niño había quedado subnormal por culpa de andar por el suelo por una moneda de un duro.

Publicado por Israel Greenshines el 3 febrero, 2016

1973

Pasé los primeros 12 años de mi vida totalmente consciente de ser especial, el tema me creaba ansiedad y con frecuencia cuando alguno de mis padres me hablaba, las pausas entre algunas de sus frases me provocaban ese dolor de estómago que anticipaba que ese era justo el momento en el que me lo iban a contar. Sabía que era un genio, y creía que ellos estaban solo esperando el momento adecuado para comunicarme oficialmente que efectivamente así era. Me imaginaba que lo que yo intuía era algo que solía pasar a menudo. Al nacer, la enfermera salía al pasillo y le daba la noticia al padre que esperaba fuera fumando: “Acaba usted de tener un genio, enhorabuena. Recuerde no contarle nada al niño hasta que este preparado” En los años 70, los padres no sabían si lo que iba a nacer era un niño, una niña o un genio como era mi caso. A los genios, a los niños genios, se les notificaba su condición de genio llegados a cierta edad cuando pudieran comprender lo que eso significaba. Algo así como cuando a Superman su padre adoptivo le enseña la nave donde se lo encontró y le descubre que es Superman. Yo, como era un genio ya lo sabía, no tenía más que esperar el momento. Mientras tanto, por pudor, en una especie de condescendencia con ellos no lo comentaba e incluso tenía ensayada la cara de sorpresa para cuando me lo contasen. Como si no lo supiera ya.

Nací en los años 70 en Mahón, a mi madre no se la vio por allí. Mi madre quedó embarazada con 17 años. Cuando se lo contó a sus padres, su madre dijo a su círculo de amistades que su hija se había ido a estudiar a Canadá y su padre le alquiló un apartamento en Mahón, donde él tenía una pequeña empresa de fundiciones. Ella pasó los siguientes meses de embarazo en Menorca.

Mi abuelo le propuso a uno de sus empleados que acababa de casarse que cuando naciera cuidase de mí, una especie de adopción verbal, y así después de dar a luz mi madre me puso de nombre Israel, volvió a Londres y siguió con su vida. Mi madre, la de verdad, murió de sobredosis a finales de los 80, algo común en aquellos años pero que imagino que no ayudó a mejorar la reputación de mi abuelo en la comunidad judía de Londres, digo imagino porque cuando tuve la ocasión de preguntar de qué disfrazó aquello, no lo hice.

Cuando mi madre murió yo tenía 17 años, la misma edad que ella tenía cuando yo nací.

Unos meses después de que ella muriese un señor mayor vino de visita, y la que yo creía entonces que era mi madre me lo presentó como mi tercer abuelo. No pregunté tampoco esta vez porque como presentación me pareció tan buena que no quise estropearlo y recibir algo mediocre como respuesta. Nadie tiene tres abuelos de la misma forma en la que nadie nace sin ombligo.

Mi tercer abuelo me llevo a comer, me contó todo lo que yo acabo de contar en estos párrafos de arriba en uno de los almuerzos que mejor me han sabido de toda mi vida. Aquel señor parecía un mago y estaba allí desvelándome el truco del juego de prestidigitación que habían sido los primeros 17 años de mi vida. No hice preguntas, de nuevo, no me enfadé ni reproché nada, actitudes totalmente mediocres e impropias de mi. Me alegré de por fin haberme encontrado con otro mago a mi altura.

Durante los próximos meses voy a contar aquí mi vida, literalmente, si quieres que te avise cuando publique el siguiente post deja tu email aquí abajo.



Publicado por Israel Greenshines el 29 enero, 2016

Suelo hacer estas fotos para mi mismo, las hago porque me gusta “documentar” qué es lo que tengo sobre mi mesa y ver como la tecnología va cambiando con el tiempo, hago fotos como esta cada dos o tres meses. Las veces que las he publicado en Instagram o en Twitter han tenido más éxito casi que ninguna otra cosa que haya publicado allí en ese mismo mes, así que con el tiempo y en vista de que la gente está interesada me he acostumbrado a publicarlas. Las redes sociales cada vez me gustan menos y las encuentro más aburridas, iba a publicar una vez más una de estas fotos en mi cuenta de Instagram pero he pensado que en lugar de hacerlo allí o en twitter lo voy a hacer aquí en Sodagulp a partir de ahora.

Es Septiembre del 2015 y esto es lo que tengo ahora mismo sobre mi mesa.

Esto es lo que tenía sobre mi mesa en Mayo del 2015
Esto es lo que tenía en mi mesa en Diciembre del 2013

Publicado por Israel Greenshines el 30 septiembre, 2015

Lo hago continuamente, deshacerme de los objetos que no necesito no es difícil para mí. No me gusta tener a mi al rededor cosas que no utilizo. De la misma forma mantengo una relacion muy estrecha con los objetos que sí necesito. Considero a mis objetos una parte muy importante de mi identidad y por lo tanto los suelo elegir siempre con cuidado. Cuando elijo algo, suele ser para siempre, si se me rompe 100 veces como me ha pasado con mis gafas de sol vuelvo a comprar siempre de nuevo el mismo modelo.

Algunos objetos tienen más importancia que otros, no cambiaría mi modelo de gafas de sol pero cambio sin problema de camara de fotos si considero que hay alguna mejor o que me gusta más. Hago una diferencia entre unos y otros a la hora de serles más o menos fiel. Una cámara de fotos no deja de ser una herramienta y unas gafas de sol o un reloj son parte de mi indumentaria, de mi uniforme.

Con esto que estoy escribiendo no pretendo decirle a nadie qué debe tener o comprar, no me importa si crees que algo es caro, si crees que hay una camara fotos mejor o si crees que mi cartera a ti no te serviría. No escribo esto para decirte cuáles deben ser tus objetos sino cuáles son los míos y escribo esto sobre todo porque es lo que me gustaría leer a mí. Se puede conocer muy bien a las personas por sus objetos o por la carencia de ellos.

ESTOS SON MIS OBJETOS

CARAMELOS, HAND SANITIZER (no se como se llama esto en español)

Sufro de constantes e inesperadas bajas de azúcar, hipoglucemia. Los caramelos de todo tipo son mi medicina en ese momento. Al mismo tiempo, les concedo un poder casi mágico y siempre he creído que mis mejores ideas son consecuencia de una ingesta exagerada de caramelos. Si necesito una buena idea no tengo más que comer caramelos. Al mismo tiempo desde pequeño la idea de tener las manos sucias, pringosas de cualquier caramelo me produce angustia, no me deja vivir, así que procuro llevar siempre algo con que limpiármelas instantáneamente. Suelo usar “Hand Sanitizer” (repito, no sé cómo se llama en español) porque es lo más comun y lo venden en absolutamente todas partes, en todos los tamaños, formas colores y olores. Me han contando en twitter que en España sólo lo venden en algunos sitios. Fuera de España es tan común como el jabón o la pasta de dientes, por eso lo uso.

¿QUÉ FUMO?

En algún punto en el 2012 o 2013 me di cuenta de que fumar cigarros de marcas como Marlboro, Winston etc. era como fumar papel de periódico, realmente caí en la cuenta de que era un hábito detestable, una costumbre de oficinista, tenía que dejar de fumarme eso. Decidí que si me gustaba fumar, porque realmente me gusta, no tenía por qué dejar de hacerlo, lo que tenía que hacer es hacerlo mejor. Así que deje de comprar Marlboro y empece a comprar estos. La diferencia sin pretender ser un snob, no hay nada mas alejado de mí que un snob, es la misma que comer chuletón o comer en McDonalds.

¿UN BLACKBERRY? ¿QUÉ RELOJ ES ESE?

Uso dos telefónos uno de ellos, sí, es un Blackberry. El caso de Blackberry es una lástima, se obsesionaron por seguir un camino que nada tenía que ver con ellos y terminaron conviertiendo el sistema operativo de sus teléfonos en un laberinto de gestos imposible de memorizar y unas aplicaciones horribles. Ojalá Blackbery no tuviese aplicaciones y ojalá no tuviese un apantalla táctil. A pesar de todo el daño que le han hecho, aun hoy en día es el mejor dispositivo móvil para leer y contestar emails y para eso lo uso, para nada más. Recibo y contesto muchos emails, así que me es muy útil.

Ese reloj es MI RELOJ, mi objeto favorito. Es un Tag Heuer, puedes ver todos los detalles si quieres en este enlace.

El bolígrafo de la izquierda es un Parker, lo tengo hace años es un boligrafo normal y corriente me gusta muchísimo ese modelo porque ha permanecido idéntico desde siempre. Recuerdo haber tenido uno desde que soy pequeño. Creo que se llama Parker Jotter, no estoy seguro ahora mismo, pero es un bolígrafo que se puede encontrar en cualquier parte. El lápiz es un lapiz normal, es una marca difícil de encontrar en Europa pero muy facil de encontrar en América la marca es Toison d’or. Pasa como con los lápices normales que venden en Europa los Staedtler esos de rallas amarillas y negras con la parte de arriba rojo, son muy faciles de encontrar en Europa y muy difíciles de encontrar en America. Pasa algo similar con los mecheros también, en America la gente no conoce los Clipper recargables de toda la vida y cuando te ven uno siempre los miran extrañados.

¿POR QUÉ LLEVAS UNA NAVAJA?

Es muy simple, suelo comprar casi todo en Amazon por lo tanto recibo paquetes, muchos. Esa navaja o cualquier otra es lo mejor para abrir cajas y paquetes. Esa Navaja en concreto es un regalo, la marca de la navaja es Laguiole por si te ha gustado y quieres buscarla. El teléfono es un Iphone 6, en un principio compré un Iphone 6 plus cuando salió pero meses más tarde compre un 6 normal porque el 6 plus es demasiado grande y casi hay que usarlo forzosamente con las dos manos hasta para hacer una foto.

Las gafas son MIS GAFAS, después de MI RELOJ son mi segundo objeto favorito. He roto, perdido o regalado más de 30. Siempre compro el mismo modelo que por cierto cada vez es más difícil de encontrar.

MI CARTERA Y MIS LLAVES

Hace un tiempo escribí un post en Greenshines que se hizo bastante popular acerca de mi cartera, puedes leerlo aquí, sigo usando la misma cartera y sigo llevando dentro más o menos lo mismo. El llavero que ves es un Olloclip, son unas lentes para Iphone una es un ojo de pez, la otra es un macro y la otra es un gran angular. Al final, no suelo usarlas mucho o más bien nada. No porque no me gusten, es uno de los accesorios mejor fabricados y de más calidad que he probado para un Iphone, pero yo hago las fotos casi por impulso y nunca me da tiempo o se me ocurre colocarle esas lentes.

LA CÁMARA Y EL DINERO

La cámara de fotos Junto con el teléfono es de los objetos que me son mas imprescindibles y a los que soy menos fiel, en cuanto sale un nuevo modelo que sea mejor o me guste más por algún motivo lo cambio. Es el tipo de objetos que considero herramientas y no suelo tener mucho apego a ellos. Es el caso opuesto a mi reloj. Esta de la foto es una Canon G7X, me gusta porque me cabe en el bolsillo y es perfecta para grabar vídeos. Cuando la compré se me pasó por la cabeza empezar un videoblog en Youtube es una idea que no he descartado aun.

Lo otro que aparece en la foto es dinero. Apuntate esto en un papel: Un fajo de billetes es un amuleto de la suerte infalible.

Estos son mis objetos, los que van conmigo a todas partes. Hay muchos más objetos importantes en mi vida, pero estos son los que cojo de la mesa y reparto como puedo en mis bolsillos cuando salgo de mi casa.

Publicado por Israel Greenshines el 6 mayo, 2015

Esta es una foto que hice unos días antes de irme de Vancouver.

Suelo hacer fotos más para documentar o para recordarme a mi mismo los sitios a los que he ido o las cosas que he hecho que como actividad “artistica”, aunque eso no quiere decir que mis fotos no sean absolutamente fantásticas. Si quieres verlas, suelo subir algunas de las que hago a Instagram. Mi cuenta es esta: Greenshines 


Publicado por Israel Greenshines el 5 enero, 2015

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