Miroslav Tichy dejó la pintura a finales de los 50 para dedicarse a la fotografía de mujeres de su localidad con camaras fotograficas que el mismo se construia.

Cualquiera diría que era un viejo con sindrome de Diogenes, poco dinero y una gran pasión por la fotografía y el voyeurismo. Pero no, cuentan por ahí que era un gran artista y un outsider.