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05.01.2026 Finalmente ha caído el régimen chavista en Venezuela por Yael Farache

Que se hayan llevado a Maduro en un helicóptero tres días después del Año Nuevo me ha parecido muy acertado, es una ocasión acertadísima porque hemos empezado este 2026 ganando y eso es un gran regalo. Llevo algunos años sintiéndome un poco desganada al ver cómo se degrada todo, como se va degradando el mundo, que parece que nada va a poder salvarlo de cierto destino y a veces pienso que hay pocas razones para celebrar. Hay que darle las gracias a Trump, a su gobierno por darme una, por recordarme que a veces sí pasan cosas buenas.

Quiero hablar de esta sensación de desgana porque sé que mucha gente tiene que sentirlo también. La sensación últimamente es la de despertarse una mañana y descubrir que ha caído uno por error en la línea del tiempo incorrecta, estábamos en la buena pero ahora hemos caído en la línea oscura. A veces digo, medio en broma medio en serio que estamos en el Kali Yuga, que el calendario maya tenía razón y el mundo terminaba en el 2012, estamos en el tiempo de descuento y eso explica por qué todo decae de esta forma vertiginosa.

Los problemas más graves son tan gordos que a veces no es posible mirarlos de frente. Nadie tiene hijos, el mundo se queda sin gente, o peor aún, algunos sí que los tienen: tienen hijos las personas incorrectas, aquellos provenientes de las peores culturas del mundo. De eso vamos a poblarlo. Las viviendas: inaccesibles para la mayoría. Viviendas no hay porque las han comprado todas para transformarlas en airbnbs de pésimo gusto a precios de locos, todas vacías, aparcadas, porque si las alquilan tres noches al mes le sacan más beneficio que dándoselas a un inquilino. Las ciudades llenas de tiendas de souvenirs porque lo único que queda en ellas es los airbnbs vacíos y restaurantes sirviendo paella de caja. Todo esto es profundamente doloroso a pesar de que a mí no me pilló el tren. Corrí más rápido que nadie y tengo todo lo que importa, pero veo a mi alrededor como todo se marchita y me pregunto qué tipo de mundo van a heredar mis hijos.

Se siente también en los detalles: salir con los amigos ya no es lo mismo. No apetece salir. La calle está llena de peligros y de riesgos incalculables. Las cosas que empiezan con muy buen pie se tuercen, progresivamente se van torciendo “enshittification” lo llaman en inglés, hay quienes acusan de todo esto al “capitalismo terminal”. Que te abres una cuenta en Netflix y tienes acceso a todo el catálogo pero cada año van apretando las tuercas hasta que de repente te das cuenta de que estás pagando el doble por la mitad del contenido y que pierdes el acceso si cambias de IP porque no se fían ya de que vayas a compartir la contraseña con el vecino. Todo se degrada.

Todo se degrada, pero a veces pierde uno de vista que se puede estar mucho peor. Hace tanto tiempo que me fui de Venezuela que me he olvidado de lo que era vivir en un estado de desasosiego permanente y real. No porque Tinder te engaña o porque el algoritmo de Youtube no te favorece. Es una zozobra permanente, sin final, porque hay un régimen que te aplasta, que se traga todos tus sueños, que no hay comida en el supermercado, cortes de luz a diario, a un amigo lo han matado, no sabes si podrás salir algún día de allí. El desasosiego no es abstracto, ni es a futuro, sino concreto y real, del día a día, cotidiano.

Así era la vida bajo el régimen chavista pero me fui hace quince años y tengo el privilegio de poder preocuparme por otras cosas. Por el devenir del mundo. Si le contase a alguna de las personas que permanecen allí cuáles son mis ansiedades posiblemente se reiría de mí, le parecería un personaje frívolo, como de una película y en cierta manera tendría razón. Lo que me preocupa es la paella de caja.

Por eso es tan lamentable ver cómo desde el extranjero gente que no ha atravesado nunca una situación extrema como lo puede ser vivir bajo un régimen comunista se atreve a hablar de derechos humanos y de secuestros cuando Estados Unidos se lleva en un helicóptero esposado a Nicolás Maduro, el primer responsable de la lamentable situación de los venezolanos. Al villano de la película. Imagínate eso. Se llevan al tirano esposado y lo hacen con mimo, le dan una botellita de agua para que no pase sed, le ponen auriculares en el helicóptero para protegerle los oídos, le dejan llevarse a su mujer para que no se preocupe por ella, van dándole palmaditas en la espalda y deseándole feliz año, y todavía se habla en internet de que esto es un secuestro, una violación de los derechos humanos. De los derechos humanos ¿de quién?

Los comunistas fingen no conocer el significado de esta palabra, pero lo conocen muy bien. Nicolás Maduro conocía lo que es un secuestro porque durante el régimen chavista la tasa de secuestros en Venezuela se disparó: Chávez liberó a miles de presos violentos de las prisiones venezolanas como parte de las reformas del sistema de justicia penal, y a eso se le sumaron las acciones de la guerrilla colombiana a la que abrieron las puertas y agasajaron cuanto pudieron construyéndoles un complejo de lujo en suelo venezolano y dándole a Manuel “Tirofijo” Marulanda una plaza con su nombre en Caracas y un busto suyo en el centro. Pero es que además con Maduro todo tomó un matiz más cruel porque los secuestros los organizaba el mismísimo SEBIN, la agencia de inteligencia venezolana.

Imagino que en España los comunistas también saben lo que es un secuestro y estos comentarios son un teatro porque a eso se han dedicado los comunistas desde siempre y en España ha habido varios casos de secuestros de grupos comunistas organizados y sospecho que ninguno de los que se está llevando las manos a la cabeza por el “secuestro” de Nicolás Maduro lo hizo con cualquiera de los casos de secuestros de la ETA, por ejemplo. Evidentemente no es lo mismo coger a alguien de la calle, meterlo en un zulo 300 días y pedir por él un rescate que coger a un criminal y llevártelo a enfrentar la justicia en helicóptero, pero a los comunistas eso de usar las palabras con su significado real no les parece conveniente.

Así que los vemos en internet fingiendo estar indignados por lo que pasa en Venezuela y hablar mucho del petróleo y su destino. Pretenden “desenmascarar” el objetivo real de Trump que no era rescatar al pueblo venezolano ni acabar con el narcotráfico sino quedarse con el petróleo. Los comunistas no pierden nunca de vista eso, el dinero, que es su principal obsesión, lo que mueve todas sus acciones. Es el clásico hechizo por inversión. Acusan al otro de hacer lo que hacen ellos, le dan la vuelta a las palabras para que parezca que dicen justo lo contrario de lo que están diciendo. Figuras prominentes de partidos políticos estrechamente vinculados al chavismo hablando de todo esto sin que se les caiga la cara de vergüenza. Son ellos quienes han estado saqueando a los venezolanos todos estos años con sus fundaciones y sus tramas raras, cobrando millones de dólares de las arcas venezolanas, ¡del petróleo venezolano! Para financiar sus partidos y su lifestyle. El problema no es que alguien quiera llevarse el petróleo, el problema es que no sean ellos. Que no puedan seguir robándole al pueblo venezolano lo que tienen desde el primer mundo. Si lo piensas es un colonialismo a lo bestia.

No ha sido solo el petróleo, los chinos y los rusos, por poner un ejemplo, han saqueado el oro del país, se lo han vendido los chavistas a precio de risa  y se han embolsado el dinero, tienen cuentas multimillonarias en Angola y en las Islas Cayman porque el comunismo es una banda de piratas que destruye países y continentes sin miramiento alguno, y cuando les pillan lloran, gritan, se rasgan las vestiduras “por el pueblo” sí claro, por “el pueblo” que les padece como un campo de trigo a un enjambre de langostas. Ha sido un reparto total de todo lo que tenia Venezuela.

A los venezolanos lo del petróleo les da igual, que se lo quite Trump quiero decir, y es normal porque del petróleo a los venezolanos lo que les queda es un vago recuerdo de los 80 (a los viejos), y a los jóvenes las historias que habrán escuchado contar a sus abuelos de una época de abundancia en la que los venezolanos viajaban a Miami para irse de “shopping” y decían “tá barato, dame dos”. El petróleo venezolano hace al menos treinta años que se reparte por el mundo a la Cuba de Fidel Castro a los satélites comunistas del entramado latinoamericano, a sus aventuras de conquista por el territorio español. Una producción petrolera venida a menos, por cierto, cuya producción se reducía cada año en cantidad y calidad desde que la purga de opositores diezmó las refinerías venezolanas de talento y de sentido común. Tuvo que importar el gobierno chavista personal de Oriente Medio para operar la industria porque los técnicos venezolanos se habían tenido que ir exiliados a cualquier otro país. Así que si el petróleo se va a Cuba o a Estados Unidos a los venezolanos les da igual, lo que quieren es vivir en paz, porque no conocen lo que eso significa desde 1998 y esa es la promesa que les ha hecho Trump. Les ha parecido un buen trueque.

Eso es lo que quiere una persona normal: paz, estabilidad, tranquilidad, una casa para tener una familia y un trabajo digno para mantenerla. La gente no quiere mucho más. Los venezolanos han tenido que irse a repartir pedidos de Glovo, Doordash y Ubereats a países que no les gustan porque no les ha quedado más remedio y como desde el régimen saben que se van quienes no están a gusto, para regresar les piden no sé qué documentos imposibles de conseguir, se ven atrapados en un exilio permanente sin posibilidad de retorno. ¿Trump quiere el petróleo? Que se lo quede si va a poner orden y a dejar a los venezolanos vivir sus vidas en paz. Que llegue el día en el que los venezolanos puedan preocuparse porque hay demasiados Airbnbs, de que haya tanto turismo que las tiendas de souvenirs se traguen las avenidas principales de Caracas y no sepan ya a dónde ir a comerse una auténtica arepa, de las de verdad. Eso les deseo a los venezolanos, un feliz año y preocupaciones del primer mundo.

Publicado por: Yael Farache | Recibe GREENSHINES en tu email: EL NEWSLETTER