23.06.2015
No puedo volver a España. No me atrevo.

A internet en general, y a Twitter en particular, le ha venido muy bien el caso de Guillermo Zapata, el ex-Concejal de Cultura de Madrid que estableció el récord del período de servicio más corto (48 horas) al dimitir por el revuelo que causó los comentarios antisemitas que había hecho en Twitter.

El caso de Zapata, al ser tan visible, ha hecho que la gente entienda algo que en principio podría parecer una obviedad: las cosas que una persona dice tienen consecuencias sociales en el mundo real. Hasta ahora parecía que el único problema de decir este tipo de cosas era la posibilidad de que Twitter pudiera cerrarte la cuenta.

Pero gracias a Zapata y su dimisión ahora es evidente que no hace falta que existan leyes (como la «ley mordaza») para que las acciones tengan consecuencias. Sé que no es un concepto sorprendente, pero a la mayoría de la gente no le gusta que lo asocien (o peor aún que lo represente) una persona que expresa este tipo de ideas, dentro o fuera de internet.

No fui solo yo quién se alegró de que esto pasara. Todo el que ha tenido que lidiar con esta clase de gente en internet estaba gratamente sorprendida por el caso de Zapata, y a lo largo de los últimos días han salido retweets y capturas de pantalla de otros tuits antisemitas hechos por otras “personalidades” de Internet. Entre ellos, los más repugnantes posiblemente sean los escritos por “Barbijaputa”, la cuenta anónima de una mujer que tiene casi 200 mil followers en Twitter, 200 mil españoles, que le aplauden las opiniones.

Hace algunos años Barbijaputa consideraba que Hitler “la cagó” al no “terminar el trabajo” con los judíos, se proclamó fan de los judíos muertos, etc:

Merece la pena señalar que tanto los twits de Zapata como los de Barbijaputa son antisemitas, pero los de Barbijaputa son peores. Porque a pesar de que el chiste de Zapata de meter a 6 millones de judíos en un cenicero es antisemita y de pésimo gusto, está hablando de algo que ya ocurrió. Pero Barbijaputa habla de que Hitler debió “terminar el trabajo”, es decir, está deseando ahora mismo la muerte de los supervivientes del Holocausto judio y la de su descendencia.

Aunque los comentarios de la captura son antiguos, hay otros más nuevos que Barbijaputa escribió hace un par de semanas en el que hablaba del desagrado que le causa trabajar en los vuelos Madrid-TelAviv porque hay judíos. Añade que ahora lee libros sobre el Holocausto para sentirse mejor. Lo que quiere decir que poco ha cambiado desde que escribió aquello hasta ahora.



Cuando leí el tuit de arriba descubrí que Barbijaputa era posiblemente empleada de Iberia. Y esto de las consecuencias puede ser algo nuevo en España, pero para mí, que vivo en EEUU, es algo cotidiano. Cada cierto tiempo hay un nuevo escándalo en el que echan a alguien de una empresa importante por hablar de más o por tener la opinión equivocada. Casi siempre ocurre por franquear los límites de lo políticamente correcto, “luchas» con las que Barbijaputa se identificaría como estar en contra del matrimonio homosexual, por ejemplo. Así que comenté que seguramente a Iberia le gustaría echar un vistazo a la cuenta de twitter de su empleada.

Porque como dije en un principio, a pesar de que odiar a los judíos es legal, como también es legal estar en contra del matrimonio homosexual, si comentas este tipo de cosas en público es muy probable que la gente que te rodea no quiera verse asociada contigo. Es normal que Iberia despida a un empleado que comenta la aversión que siente hacia los judíos en un vuelo Iberia-TelAviv, ya que al fin y al cabo sus clientes judios se puedan sentir inclinados a elegir otra aerolínea si saben que la persona que manipula su comida en el avión, al mismo tiempo está en twitter deseando su muerte.

En el pasado hice algo parecido con un hombre que llevaba 3 años acosándome a mí y a mi mujer en Twitter por motivos similares a los de «Barbijaputa». Cogí todos sus twits antisemitas (que impresos ocuparían varias páginas) y los envié al departamento de PR de Topman, la empresa en la que trabajaba en Londres. Lo despidieron al día siguiente. Puedes leer la historia en esta web que creé especialmente para que aparezca cuando alguien busque su nombre en Google: http://juanramonbadillo.com es justo que la gente sepa con quién está tratando.

Si tuviera el nombre de Barbijaputa, si supiese su identidad, haría lo mismo con ella. Porque es importante que la gente entienda que las acciones tienen consecuencias. No puedes propagar tu antisemitismo o utilizar tragedias como el Holocausto para hacerte el gracioso, y pretender que lo que dices no tenga consecuencias. Porque quieras o no, hay mucha gente que te está leyendo, y una de las consecuencias es que algunos se apuntarán a la moda del antisemitismo chic, y quizás alguno de ellos decida pasar a la acción.

Barbijaputa no se denomina antisemita, desde luego, en su narrativa personal ella es la víctima de esta situación. Escribió un post en su blog que lleva por título “Exijo mi derecho a parecerte despreciable” en el que habla de cómo ha sido el objeto de un linchamiento masivo de la “derecha” en twitter por sus comentarios. Cómo ella es víctima de “acoso”. Considera que es injusto recibir este trato y por ello “exige” su derecho.

En realidad Barbijaputa no tiene muy claro lo que significa la libertad de expresión. Desde luego que ella es libre de decir lo que quiera en su cuenta de Twitter, de ser tan desagradable como quiera ser. Pero la gente que la lee es también libre de criticarla por ello, de enlazar sus twits antisemitas a su jefe, y su jefe es también libre de despedirla por tener una imagen tan vil. Porque esa es la cosa con la libertad, que es para todos: para Barbijaputa, para sus seguidores, y para sus jefes. Pretender lo contrario es querer divorciar las acciones de sus consecuencias naturales.

Lo más interesante es, que como bien ella lo indica, la motivación de su antisemitismo es política. Si en lugar de judíos se estuviese hablando de negros, por ejemplo, su reacción sería la contraria. Barbijaputa, Eldiario.es, Podemos, y toda esta gente de twitter condenarían a cualquiera que dijera que hay que acabar con todos los negros del mundo. Condenarían a cualquiera que dijera que es fan de los negros muertos, o a cualquier azafata que comente, de pasada, que odia viajar al África porque el avión se llena de negros.

Quizás la única diferencia entre el ejemplo de los negros y el ejemplo de los judíos es que los negros no han sufrido de un exterminio masivo motivado por el odio irracional, en los últimos 100 años. Odio que siempre comienza por comentarios como los de Barbijaputa.

Mi mujer es judía y mis hijos serán judíos. Soy Español y me gustaría poder vivir en España con mi familia, pero no me atrevo a hacerlo sabiendo que en los ayuntamientos hay gente como Zapata, que en los periódicos escriben “personajes” como Barbijaputa, y que a las generales se va a presentar un partido como Podemos que acoge a estas dos clases de persona en su seno. Me da miedo que mis hijos crezcan en un país en el que los gobernantes comentan entre chistes que están deseando que mueran. Posiblemente yo sea el primer exiliado político de muchos otros que están por venir, porque realmente a mi me gustaría poder regresar a España, pero ya no puedo. No me atrevo.


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